¿Una cucharada de plástico en el cerebro? Lo que muestran de verdad las pruebas
El hallazgo de 2025 dio la vuelta al mundo convertido en una sola imagen llamativa. El estudio que hay detrás es más interesante, más incierto y más útil de lo que esa imagen sugiere.
La respuesta breve
Un estudio publicado en 2025 en Nature Medicine midió partículas de plástico en tejido cerebral humano y encontró niveles más altos en las muestras recientes. La «cucharada» fue un cálculo de comentaristas, el método de medición está en entredicho y el estudio no puede demostrar que el plástico dañe el cerebro.
La afirmación
En febrero de 2025 circuló ampliamente la afirmación de que el cerebro humano medio contiene alrededor de una cucharada de plástico. La cifra apareció en titulares, en reportajes de televisión y en publicaciones de redes sociales ilustradas con una cuchara de plástico junto a un cerebro.
La afirmación procede de un estudio real, publicado en Nature Medicine el 3 de febrero de 2025 por un equipo dirigido por el toxicólogo Matthew Campen, de la Universidad de Nuevo México. La cuchara, sin embargo, no figuraba en el estudio. Salió de comentaristas que multiplicaron la concentración publicada por el peso de un cerebro medio. Es en ese paso donde la historia empieza a alejarse de las pruebas.
Lo que encontró el estudio
Los investigadores analizaron tejido de personas fallecidas a las que se había practicado la autopsia en el New Mexico Office of the Medical Investigator. Había dos grupos, de 2016 y de 2024, con entre 20 y 28 personas cada uno según el órgano. De cada persona tomaron una sola muestra de hígado, de riñón y de cerebro; las muestras cerebrales procedían de la corteza frontal. También examinaron muestras cerebrales más antiguas, recogidas entre 1997 y 2013, procedentes de bancos de tejidos de la costa este de Estados Unidos, así como tejido cerebral de doce personas con un diagnóstico documentado de demencia.
Las cifras principales fueron estas.
| Tejido | Concentración mediana publicada |
|---|---|
| Cerebro, 1997–2013 | unos 1250 µg por gramo |
| Cerebro, 2016 | unos 3350 µg por gramo |
| Cerebro, 2024 | unos 4900 µg por gramo |
| Hígado, 2024 | unos 430 µg por gramo |
| Riñón, 2024 | unos 400 µg por gramo |
| Cerebro, casos de demencia (2019–2024) | unos 26 000 µg por gramo |
Una concentración de alrededor de 4900 microgramos por gramo equivale aproximadamente al 0,5 por ciento del peso del tejido. De ahí sale la cuchara.
Los investigadores señalaron que la mayor parte del plástico era polietileno, el polímero que se utiliza en bolsas, películas y tapones de botella. Al microscopio electrónico, las partículas aparecían sobre todo como diminutos fragmentos en forma de esquirla a escala nanométrica. Las concentraciones no variaban con la edad, el sexo, el origen étnico ni la causa de la muerte, pero sí con el año del fallecimiento.
Cómo lo encontraron
El método importa, porque sobre él gira la mayor parte del debate posterior.
La técnica principal fue la cromatografía de gases-espectrometría de masas con pirólisis. Primero se disuelve químicamente una muestra de tejido. Lo que queda se calienta hasta que los polímeros que pueda haber se descomponen en moléculas más pequeñas, que se separan e identifican. A partir del patrón de esas moléculas, el instrumento estima qué cantidad de cada tipo de plástico había. No cuenta partículas ni las observa. Deduce una masa a partir de una firma química.
Otras dos técnicas, la espectroscopia infrarroja y la microscopía electrónica, se emplearon para confirmar la presencia de partículas y describir su forma.
Los autores reconocieron abiertamente algunos límites. Tomaron una sola muestra de cada órgano por persona, de modo que se desconoce cómo se distribuye el plástico dentro de un órgano. Y los dos laboratorios participantes observaron una variación de alrededor del 25 por ciento entre mediciones repetidas de la misma muestra.
Lo que el estudio no puede demostrar
Hay tres límites que pesan más que cualquier otro.
En primer lugar, se trata de un estudio transversal basado en autopsias. Midió el tejido en un único momento tras la muerte. No puede mostrar cómo entró el plástico en el cerebro, cuánto tiempo permaneció allí ni si fue eliminado.
En segundo lugar, el hallazgo sobre la demencia es una asociación en una muestra pequeña. Doce personas con demencia presentaban concentraciones medidas más altas que los demás grupos. Eso es compatible con que el plástico contribuya a la enfermedad. Es igualmente compatible con que la enfermedad modifique la forma en que el cerebro acumula o elimina partículas, con que otros factores influyan en ambas cosas o con diferencias de medición entre las muestras. El diseño del estudio no permite distinguir entre estas posibilidades.
En tercer lugar, y esto es lo más importante, las cifras absolutas dependen por completo de que el método de medición sea exacto en el tejido cerebral. Y eso es precisamente lo que se ha puesto en duda.
Dónde discrepan los científicos
El 12 de marzo de 2025, el Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos (BfR) publicó una evaluación. Calificó el estudio de digno de atención y planteó varias objeciones técnicas. Las muestras habían estado en contacto con materiales plásticos durante la autopsia y el procesamiento, y los controles de contaminación no estaban documentados con suficiente detalle. Faltaban algunos datos espectrales. Lo más significativo era que el tejido cerebral es grasa en aproximadamente un 60 por ciento de su peso seco, y que ciertos compuestos grasos se descomponen con el calor en moléculas similares a las que produce el polietileno. «No pueden descartarse señales falsas y malinterpretadas que llevarían a sobrestimar la exposición», concluyó el instituto.
Otros científicos señalaron que las concentraciones cerebrales publicadas superaban las medidas en algunas muestras de lodos de depuradora, algo que consideraron inverosímil. En el material complementario se detectaron imágenes duplicadas; los autores calificaron el error de administrativo y lo corrigieron en marzo de 2025. En noviembre de 2025, Nature Medicine publicó una crítica formal del artículo, acompañada de una réplica de los autores.
En septiembre de 2026, un grupo de investigadores polacos analizó directamente el problema de las interferencias en Particle and Fibre Toxicology. Informaron de que la digestión química habitual del tejido cerebral puede dejar sales insolubles de calcio y de zinc de ácidos grasos — en la práctica, jabones — cuyos espectros se parecen a los de los plásticos. Propusieron un método de preparación modificado para eliminarlas.
Nada de esto demuestra que el estudio original fuera erróneo. Demuestra que sus concentraciones podrían estar sobrestimadas, quizá de forma considerable, y que el método necesita perfeccionarse antes de que las mediciones en el cerebro puedan compararse con fiabilidad.
Lo que dice otra investigación
La presencia de micro y nanoplásticos en el tejido humano no descansa en un solo estudio. Distintos grupos, con métodos distintos, han detectado partículas en la sangre, la placenta, el tejido pulmonar y la placa arterial.
El estudio clínico más relevante hasta la fecha apareció en el New England Journal of Medicine en marzo de 2024. Investigadores dirigidos por Raffaele Marfella en Nápoles analizaron la placa extraída de las arterias carótidas de 257 pacientes que completaron el seguimiento. Se detectó polietileno en la placa de 150 de ellos, alrededor del 58 por ciento. A lo largo de unos tres años de media, esos pacientes tuvieron un riesgo aproximadamente cuatro veces y media mayor de infarto, ictus o muerte por cualquier causa que los pacientes sin plástico detectable.
Se trata de una asociación sólida procedente de un estudio observacional bien diseñado. Sigue siendo una asociación. Los pacientes con plástico en la placa podían diferir en alimentación, ocupación, ingresos, tabaquismo o exposición a otros contaminantes de maneras que el estudio no pudo medir del todo. Los autores lo reconocieron.
Los estudios de laboratorio y en animales apuntan a posibles mecanismos, como la inflamación y el estrés oxidativo. A menudo utilizan dosis y tipos de partículas cuya relevancia para la exposición humana cotidiana es incierta.
La revisión de la Organización Mundial de la Salud de 2022 concluyó que las pruebas disponibles eran insuficientes para determinar el riesgo que los micro y nanoplásticos suponen para la salud humana, y pidió mejor investigación y métodos estandarizados. Nada de lo publicado desde entonces ha invalidado esa conclusión.
Lo que sabemos hoy
Los micro y nanoplásticos están presentes en el tejido humano, incluido el cerebro. Así lo respaldan varias líneas de evidencia independientes.
No se sabe con fiabilidad cuánto hay en el cerebro. Las cifras de 2025 podrían ser demasiado altas.
Que las concentraciones aumentan con el tiempo es algo que sugieren los datos de 2025 y que resulta plausible dado el crecimiento de la producción de plástico. Hace falta confirmarlo con métodos validados.
No está demostrado que los plásticos presentes en el cuerpo causen enfermedades. Un gran estudio relaciona el plástico en la placa arterial con episodios cardiovasculares. La asociación con la demencia se basa en doce casos.
Tampoco está demostrado que la exposición actual sea inocua.
Lo que hay que estudiar a continuación
Los próximos pasos son poco vistosos. Los laboratorios necesitan métodos consensuados para preparar el tejido, con controles de contaminación y de grasas. Distintos laboratorios deberían medir las mismas muestras y comparar resultados. Los estudios tienen que seguir a personas vivas a lo largo del tiempo, midiendo la exposición antes de que aparezca la enfermedad y no después de la muerte. Y la investigación debe determinar de dónde procede la mayor parte de la exposición humana, porque eso es lo que decide qué puede reducirse.
Los reguladores no han esperado a todo esto. La Unión Europea restringe desde octubre de 2023 los microplásticos añadidos intencionadamente a los productos, en virtud del Reglamento (UE) 2023/2055, un enfoque basado en la precaución y no en un daño demostrado. Las negociaciones de un tratado mundial sobre plásticos, iniciadas en 2022, no habían dado lugar a un acuerdo a mediados de 2026.
La cuchara nunca estuvo en los datos. Lo que los datos sí muestran es que el plástico llega a nuestros órganos, que medirlo con exactitud es más difícil de lo que parecía al principio y que las preguntas más importantes sobre sus efectos siguen abiertas. Sabemos más que antes del estudio. Todavía no sabemos qué significa para nuestra salud.
Fuentes: Nihart A. J. et al., «Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains», Nature Medicine (3 feb. 2025), con Author Correction (31 mar. 2025) y Matters Arising (13 nov. 2025) · BfR Communication No. 056/2025 (12 mar. 2025) · Dzierżyński E. et al., Particle and Fibre Toxicology (4 sept. 2026) · Marfella R. et al., NEJM 390:900–910 (2024) · OMS, Dietary and inhalation exposure to nano- and microplastic particles (2022) · Reglamento (UE) 2023/2055 de la Comisión · Actas de las sesiones del INC del PNUMA (2025–2026).


